El (otro) cuarto poder: periodismo contra la polarización

El (otro) cuarto poder: periodismo contra la polarización

Autor: Joaquín Müller-Thyssen Bergareche*

Nada volverá a ser lo mismo, y ese «nada» incluye al periodismo. No hay una manera exclusiva de mirar y contar la realidad en este mundo cada vez más incierto, líquido y dual. La objetividad, el rigor y la independencia necesarias para vigilar al poder, denunciar abusos y detectar problemas debe servir, asimismo, para buscar soluciones, promover la reflexión y el diálogo y, en última instancia, servir al bien común. Hablar de «buen periodismo» es, también, hablar de un periodismo constructivo.

El periodismo y, muy especialmente, su modelo de negocio lleva más de dos décadas en crisis sin que nadie haya sido capaz de dibujar con claridad una estrategia que le permita salir, de una manera eficiente y ordenada, de la encrucijada en la que se encuentra.

Ha tenido que ser, paradójicamente, la gran crisis en la que está el mundo inmerso la que le insufle la fuerza necesaria para sobrevivir y recuperar el crédito y el protagonismo que esta profesión adquiere cuando la sociedad a la que presta sus servicios atraviesa tiempos de inestabilidad e incertidumbre, como los actuales.

Los grandes conflictos derivados de la globalización, agudizados hoy por la crisis del coronavirus, han provocado un aumento, no solo de la demanda de información, sino también del interés por conocer su origen y confirmar su veracidad, según diferentes estudios realizados en los últimos meses en distintos países, como el que en España lleva a cabo la AIMC (Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación).

Quizás, por ello, más que nunca, parece imposible pensar en un futuro sin periodismo que deje vía libre a la propaganda de Gobiernos y de grandes corporaciones y abandone a unos ciudadanos que lo necesitan para sentirse como tales y no como meros títeres de unas fuerzas que, semiocultas y poco definidas, manejan sus vidas e intereses.

«El periodismo está obligado a responder con inteligencia a la ansiedad que genera no entender los grandes cambios de un mundo globalizado»

Cómo va a superar este oficio su propia crisis, cuál va a ser el nuevo modelo de negocio que le permita mantenerse con la independencia necesaria es algo que, finalmente, se irá definiendo conforme vaya adaptándose a las exigencias de las nuevas fórmulas de difusión, los nuevos medios y las nuevas necesidades de la ciudadanía.

Con independencia de cuál sea el nuevo modelo, el periodismo ya está obligado a responder con inteligencia a la ansiedad que en la población genera el hecho de no llegar a entender los grandes cambios de un mundo globalizado, pero también a rebajar, con análisis rigurosos y un uso medido del lenguaje, la polarización de una sociedad que busca refugio a la complejidad del momento en las propuestas simplistas de los movimientos populistas.

El llamado cuarto poder, que tiende en tiempos de bienestar a acomodarse y doblegarse a los intereses económicos de las grandes corporaciones, recupera su papel en los periodos de crisis, y este que vivimos es uno que se extenderá, sin duda, a lo largo de la próxima década.

Tiene el periodismo, ante sí, la mejor oportunidad para ejercer su función de control, aunque para ello deba enfrentarse a un análisis difícil de un mundo megaconectado, en el que sabemos que decisiones adoptadas en un lugar del planeta pueden tener consecuencias tsunámicas en el otro extremo, lo que obliga a sus profesionales a una mayor formación y, en algunos casos, a un alto grado de especialización.

«La complejidad de nuestra realidad demanda relatos explicativos, mesura y sosiego para no caer en la trampa de la inmediatez»

La complejidad de nuestra realidad demanda relatos explicativos, mesura y sosiego para no caer en la trampa de la inmediatez y el anhelado clic, a la vez que la suficiente inteligencia para desvelar las maniobras de aquellos que buscan distraer a la sociedad de sus verdaderos problemas.

Ya no se trata solo de ejercer su función de contrapoder, el periodismo tiene también que ayudar, mediante el rigor en sus informaciones y el uso exquisito del lenguaje, a rebajar los niveles de violencia de una sociedad cada vez más enfrentada.

Pero aún más, los periodistas tienen hoy el deber ético de anticiparse a los hechos, pues ya no basta con esperar a que el mal suceda para contarlo; ahora también existe la obligación de preverlo para evitarlo.

*Joaquín Müller-Thyssen Bergareche comenzó su andadura profesional en el año 1982 como periodista de política nacional en la Agencia Efe, donde más tarde cogería el timón de la Secretaría General. Ocupó jefaturas en Televisión Española y en Telecinco hasta que desembarcó en la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), que dirigió desde sus inicios en 2005 hasta su retiro profesional en 2019. Su consolidada trayectoria le convierte en un referente para todos aquellos que se dedican al apasionante y delicado oficio de contar a través de la palabra.

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